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Tal y como os relato a continuación he vivido las últimas 24 horas. Con pelos y señales, nenes. Además, con lo cotillas que sois, os va a encantar.
7 de octubre de 2008:
21:15 pm: llego a casa después de pasar una agradable tarde bebiendo té en compañía de tres amigas (la Teresa, la Christie y la Sindy no, otras mucho más salás), dispuesta a preparar la cena mientras acaban las Escenas de Matrimonio (o Camera Café, no recuerdo) y acto seguido a poner el huevo en el sofá para ver cómodamente Gran Hermano.
21:25 pm: preparo la sartén para freír Sanjacobos.
21:27 pm: me suena el celular (porque yo no tengo móvil, chochos, tengo CELULAR). Contesto.
21:40 pm: comienzo a percibir la intensa fragancia de tasca barata, es decir, a aceite requemado. Alarmada, cuelgo (el celular, claro).
21:41 pm: paso de fregar la sartén. Tiro el aceite y, detrás, al mismo cubo, la sartén (que además me pegaba las pechugas que parecían velcros).
22:15 pm: finalmente, me dispongo a cenar una ensalada y un poco de queso mientras veo a mi diva preferida: la Milá, (por cierto, calzando unos zuecos ideales, chochos).
[De este breve intervalo de tiempo de dos horas aproximadamente no tengo recuerdo alguno, ya que mi mente se quedó en stand by]

8 de octubre de 2008:
00:30 am: cansada, me dispongo a retirarme a mi alcoba para poder descansar y estar bella y lustrosa al día siguiente (o a intentarlo por lo menos), no sin antes elegir el modelito para la mañana siguiente (o sea, hoy). Me dejé preparadas hasta las bragas. De sobra sabéis lo difícil que es combinar a las 6.30 de la mañana, chochos.
00:50 am: sobresaltada, me incorporo y recuerdo que no había puesto la alarma (en mi celular). La pongo a las 06.30 y, ya que estoy, le cambio el tono por el del “Wannabe” (para variar un poco, chochos), que ya estaba harta de despertarme con el “Se acabó” de María Jiménez.
00:52 am: cojo mi estupendo rosario de bolas nacaradas y le rezo a mi Ángel de la Guarda por haberme recordado que pusiera la alarma.
06:30 am: If you wannabe my lover, you gotta get with my friends, make it last forever, friendship never ends…
06:35 am: entro en la ducha. Me refroto bien para quitarme la roña acumulada.
07:10 am: ya con el pelo seco y con un buen chute de café en las venas acompañado de dos Oreo, enchufo la plancha y me la paso hasta dejar mi melena más lisa que el manto de la Virgen.
07:25 am: me lavo los dientes y me aseguro que no queda ningún resto de Oreo.
07:30 am: salgo pitando a coger el Bus. Sí, chochos, reaccionad. Barbie usa el transporte público por dos motivos: uno, para ahorrarse la gasolina, y dos, para evitarse el disgusto de buscar aparcamiento y no encontrarlo.
08:10 am: llego (tarde) a la oficina, con sigilo, aprovechando las columnas perfectamente dispuestas para llegar hasta mi mesa sin ser vista por las jefas. No lo consigo. Es más, me saludan con un amistoso “Buenas tardes” (muy majas ellas y en absoluto exageradas, chochos).
09:20 am: miro el reloj del Windows. Me desespero.
11:00 am: salgo a “desayunar” con dos compañeras. Lo pongo entre comillas porque realmente salimos a comentar la gala de Gran Hermano y, de paso, tomar un zumo y una tostada.
Al tiempo, y haciendo alarde de mi buen gusto, hago un crítico repaso sobre el espantoso modelito de una de las jefas así como de la horrible orfebrería que engalanaba su cuello y lóbulos.
14:50 pm: recojo mis bártulos.
14:55 pm: cinco minutos antes de terminar mi jornada, me pasan una llamada de teléfono. Me acuerdo del panteón familiar de Graham Bell. Y de su pu… maldita sombra también. (Será que no hay horas en el día para preguntar dudas por teléfono…). Consecuentemente, pierdo el bus de vuelta.
16:50 pm: llego a la estación de Renfe casi masticando la manzana del postre, pero antes me paso por el kiosko para comprar la Cuore.
16:53 pm: me vuelvo loca buscando por doquier el andén donde debía de estar el tren de Alta Velocidad Alicante – BarbieMansión (Albacete). No lo encuentro. Me santiguo y subo al Regional. No encuentro sitio para dejar mis enseres.
Reitereo que yo, Barbie, también sé viajar en transporte público, como todos vosotros. Vamos, entre lo que me ahorro en gasolina creo que voy a sortear un Chocho-Hipotecón entre todos mis fans.
Mientras tanto, ojeo la Cuore y leo el horóscopo, (por cierto, ¿en qué coj… diablos se inspirará esa gente para escribir el horóscopo cada semana?)
19:30 pm: llego a mi chocho-mansión. Abro todas mis maletas y coloco los Gucci’s en el armario de los Gucci’s, para que no se me arruguen. Hago lo propio con los D&G’s, los Cavalli’s, los Carolina Herrera’s, los V&L’s y los Dior’s, para que queden impolutos e inmaculados.
20:00 pm: me pongo el DVD de Crossroads (la película de Britney Spears), que ayer me dio mono de verla.
20:04 pm: duermo profundamente.
21:00 pm: me despierto. Pongo la sartén en el fuego. Desconecto todos los teléfonos de la mansión y la vigilo con los cinco sentidos.
21:05 pm: frío Sanjacobos, que ayer también me quedé con el mono.
21:15 pm: ceno mientras veo el canal GH 24 horas. Es lo que tiene visitar la Barbie-Mansión de vez en cuando, que disfruto de mi súper plataforma Digital Barbieyou Telecomunicaciones S.A.
A todo esto, chochos, no penséis que ya formo parte de la población parada del país. No. Simplemente es que mañana es fiesta en la Comunidad Valenciana y, yo, más chula que un 88, hago puente, chochos.
Os quiere,
Barbie!!
Dejad tranquilos a los psicólogos, chochos, que ya está aquí otra vez Barbie para dedicaros unas líneas más en su espacio virtual y, a la vez, tratar de alegraros un poco más vuestras monótonas vidas.
Sí, chochos, que sé yo que vuestras vidas son monótonas, rutinarias y que ya tenéis la chirla recocía de que os suene la alarma del móvil a las 7:00 de la mañana. No es que yo sea pitonisa ni tenga ningún programa en un canal local donde eche las cartas del tarot a las 3:00 de la madrugada. No. Simplemente intuyo que estáis hartos porque, sin ir más lejos, lo estoy YO de mi propia rutina, con lo cual ni imaginarme quiero las vuestras.
Resulta que he vuelto a cambiar de vocación, queridos fans. Sí, como lo leéis. Ahora ya no me dedico a la arquitectura, ni a la docencia, ni a la danza clásica, ni a explorar el universo en mi chocho-lanzadera espacial, ni a la farándula, ni soy cajera del Alcampo ni tampoco voy de feria en feria vendiendo churros y gofres. No. A mí eso ya no me llenaba del todo (a decir verdad me llenan otras cosas), así que decidí dar un giro a mi vida. Lo necesitaba, chochos. Ya sabéis que no hay mejor manera de empezar el otoño que teniendo bien contento el….
A lo que iba. Ahora, lo que de verdad me realiza y me satisface desde la raíz de mi blonda melena hasta mi refinada pedicura francesa de tonos exclusivos, es revisar y titulizar préstamos hipotecarios para la CAM, en Alicante. Lo que peor llevo es hacerlo al ritmo del cutre-hilo musical de la oficina, chochos, porque solo tienen cuatro canciones y, la verdad es que a las 8:00 de la mañana me apetece más comerme un bocadillo de morcilla con Bitter Kas que escuchar la voz de chicharra de la Merche una y otra vez mientras leo escrituras.

Tal es el estrés que me produjo durante la primera semana, que no me quedó más remedio que embutirme en mi traje espacial, calzarme un buen par de Manolo Blahnik’s y pirarme una semana de vacaciones a mi Resort privado en la luna, chochos. El BarbieMoon Resort & Spa, *****. Un complejo monísimo para mi uso y disfrute propio que ni las piscinas de chorros del Marina D’or, queridos.
Y ya que vengo de allí, como buen veraneante que viene de La Manga del Mar Menor, me he traído mis buenos souvenirs, chochos. Cosa fina. Mirad que estupenda voy a ir yo esta Nochevieja con esta pieza ornamental exquisita de tintes bermellones:

Y ahora, chochos míos, os voy a dar de nuevo un truqui, de aquellos que tanto echáis de menos y que podéis encontrar recopilados cronológicamente en la sección Barbie-Consejos. Ahí va:
Ya se os han acabado las vacaciones y estáis perdiendo ese morenazo caribeño que adquiristeis durante el mes de julio, de agosto o ambos inclusive y, más que tizones parecéis vasos de horchata a estas alturas del mes de septiembre. Yo, humildemente y con todo mi pesar, os recomiendo que lo llevéis con orgullo. Ya habrá más vacaciones en los meses de julio, de agosto o ambos inclusive. No os autobronceéis con toallitas de esas, ni con cremas del AVON, ni resto de tonterías porque eso no os deja más que ronchas y rodales. Luego iréis haciendo el ridículo por la calle creyendo que estaréis tan morenos como Luis Rollán cuando realmente parecerá que estéis sufriendo una cirrosis hepática por ese tono amarillento espantoso que dejan. Eso es una engañifa, ¡chochos! No creérselo.
Y ahora os dejo porque voy a meter unos tupperwares en la maleta y a coger pitando el exclusivo Altaria que me llevará hasta mi destino y comenzar así una nueva semana. Saludos a todos.
Os quiere,
Barbie!!
Queridos chochofans:
Sé que habéis estado esperando durante demasiado tiempo. Quizá alguno de vosotros haya estado pasando las calurosas noches de verano entre ansiolíticos y tranquilizantes, pero por fin estoy de vuelta. Podéis relajaros porque Barbie está con vosotros. Más fuerte y dura que nunca.
Mis vacaciones en Portugal me habían sabido a poco. Cinco días para una estrella como yo, para una persona que tiene tal nivel de estrés en sus neuronas, eran un tiempo insuficiente para recargar sus glamourosas baterías. Así que hice una llamada a mi amiga Victoria (Beckham, para los no iniciados) y me planté en Londres durante diez días. En mi descanso estival en la tierra de Robin Hood, disfruté como loca chochos. No os podéis imaginar cuánto. Es posible que la Puchi no deba saber muchas de las cosas que allí sucedieron, pero yo os las voy a contar a vosotros, porque el pueblo merece saber qué le sucede a sus estrellas, y yo no voy a decepcionaros.
Os diré que mi llamada a Victoria Beckham fue de lo más decepcionante. Ella estaba demasiado ocupada organizando los saraos de la prensa americana y me tuve que desplazar a Londres en una compañía… ¡de bajo coste! Imaginad, chochos, Barbie viajando con la plebe, mezclada entre gente de ingresos inferiores a los 10.000 euros al mes. No sé como pude sobrevivir, pero lo hice. Llegué al aeropuerto de Gatwick (querría haberlo hecho en el de Heathrow pero no pudo ser, chochos) y tras ir todo el viaje mezclada entre el populacho, me encontré con la primera sorpresa: me iba a tener que alojar en una habitación con tres chochos más, compartiendo ducha y espacio vital. No sabéis la de infusiones relajantes que tuve que tomar para superar esa situación. Ni Anita Obregón tras cortar con Darek tuvo que recurrir a tan exageradas medidas.

Con esa llegada, el primer día decidí emborracharme. Qué mejor que empezar mi descanso vacacional en England con una buena borrachera. Unos cubatas y unas buenas pintas, bien grandes (como sabéis que a mi me gusta todo, enorme) llenaron mi primer día con los hijos de la Pérfida Albion.



Tras este fracasado primer día, el segundo no fue mucho mejor. La depresión por tener que estar en un recinto así, fue a más y me dí a otras bebidas. El vino en la playa de Brighton, junto al Pier (una zona recreativa de apuestas y perversiones varias) fue mi salvación. Allí encontré el verdadero sentido de la vida.

Una vez que las gotas de alcohol habían pasado a mi sistema nervioso, nada me importaba. Estaba poseída de un ritmo extraño, casi hipnotizante, como el de Diego en el Aserejé, un ritmo ragatanga que se había adueñado de mi ser y de mis entrañas. Prueba de ello es esta foto que tomó uno de mis.. ligue…digo..amigos allí en Brihton & Hove.

Los días fueron pasando mejor, y encontré fuerzas, entre sarao y sarao, fiesta y fiesta y mete y sac… digo entre alegría y alegría…para acercarme a ver los maravillosos monumentos de Londres.

Si me imagináis al lado del “Ojo de Londres”… me volví loca, chochos. No imaginaba que un “ojo de algo” pudiera dar tantas vueltas, pudiera tener tanta fuerza y pudiera resultar tan increíbles. Y os puedo asegurar que lo fue, chochos. Mi silicona contraída es una muestra de lo atrevido que fue subir a ese “Ojo” que nos enseña todo lo que Londres nos muestra.

Y como no, el Big Ben. Tan alto, tan fuerte, tan seguro… como los monumentos italianos que, aunque en territorio inglés, pude descubrir y apreciar. Qué grande todo, qué magnífico. No dejéis de visitar el Big Ben, que merece la pena. Lo grande, siempre, vale la pena.

Por último, os puedo decir que, por hacer un favor, me acerqué a la gran ciudad de Portsmouth.Demasiados fans en aquella urbe me habían pedido que fuera con ellos a subirme hasta lo más alto de la Spinnaker Tower. Y yo, que no sé decir que no a nada (si, chochos, a nada..) me subí hasta arriba, para verlo todo bien. Uno de mis consejos es que si queréis valorar algo de manera justa, lo veais desde lo más arriba posible. Y cuanto más alto se vea, mejor.
Y no os cuento más porque moriríais de envidia. Mi estancia en Londres fue maravillosa, pero ahora vuelvo a la dura realidad de la vida en mi mansión. No es lo mismo que la Inglaterra, pero al menos no paso frío. Porque, ya sabéis admirados chochos, que el calor nunca falta en la chimenea de Barbie. Ni en Agosto.
Un cálido y chorreante beso para todos.
Os quiere.
Barbie!!
barbieyou@gmail.com

Queridos chochofans y chochofanas, ya estoy de vuelta de mis ultra merecidísimas pero cortísimas vacaciones por tierras lusas. Me han sentado de maravilla, chochos. Además, queridos, me he traído muchísimas cosas: recuerdos buenísimos de muchos momentos, un moreno estupendo a lo camionero de tanto andar, algunos gramos de menos y un souvenir que vi en la estantería de un supermercado al que no me pude resistir y que no os voy a decir qué es porque quizá pensaríais que soy tonta perdía. Y básicamente ese ha sido el motivo por el que no os he escrito nada en estas semanas.

Es cierto que ya llevo varios días aquí en mi humilde hogar, reposando, deshaciendo maletones y escurriendo y tendiendo bragas. ¿Creéis acaso, chochos, que esto es como el Diario de Patricia, con carnaza fresca lunes a viernes? Pues no, chochos, no.
Hoy os voy a hablar de mi estancia en Oporto. Porque sí, porque he pensado que hoy os hablo de eso y, otro día (si me apetece), de mi estancia en Coimbra, ya que con el comienzo del verano estoy algo falta de eventos sociales y tengo que disimular alargando los pocos que tengo de momento. Tampoco os creáis que os lo voy a contar de Pé a Mó, chochos, porque no. Más que nada porque ya se me han olvidado la mitad de las cosas.
Resulta que allí la fiesta de San Juan no se celebra como en las ciudades normales haciendo hogueras en la playa y saltándolas después, chochos. No. Allí van más allá y se dedican a darse martillazos unos a otros en la cabeza (con martillos de plástico, chochos) y despeinándose los cardados los unos a los otros. Allí es tradición comprarse un martillo de plástico y repartir martillazos al primero que te encuentras o, en su defecto, comprarte un ajo y restregárselo por la cara a quien te salga del esfínter anal. Que sí, chochos, que no estoy desvariando. Eso es así. Anonadada me quedé al ver semejante tradición. La gente maravillosa, aunque no faltaron algunos individuos, como en todos los sitios, bastante asilvestrados que me trataron fatal y a empujones. A mí, queridos, ¡a mí! Aún sigo en tratamiento psicológico, no os digo más.

Supongo que la mayoría de vosotros también estaréis de vacaciones, torrándoos al sol, lubricándoos con aceites pringosos del Carrefour de zanahoria y de coco, haciendo topless, comprándoos tobilleras de conchas y cascabeles en los puestos playeros y haciendo aquaeróbic en la piscina del hotel para intentar frotaros con algún chulazo… Como si os estuviera viendo. Y para los que aún estéis pringando, tranquilos; a joderse un poquito más… ¡perdón! a esperar un poquito más que ya os llegarán las vacaciones.
Y ahora os voy a dejar, chochos, porque me estoy poniendo mala. Pero mala malísima, y no os exagero, pues entre el nubarrón de mosquitos que tengo merodeando la pantalla del portátil, el calor que me da el sofá de piel sobre el que me hallo y el hastío que me está provocando la televisión, voy a vomitar mi propio aparato digestivo. Entero. No se me ha ocurrido otra cosa, chochos, que poner el programa ese de niños repelentes de primaria que todo lo saben, todo lo contestan y todo lo debaten (con Ramón García para más inri), de Antena 3, y como tengo el mando destrozado y soy más vaga que las mantas, me lo estoy tragando entero.
Hale, os dejo, que además tengo los muslos ardiendo de aguantar el portátil. Cuidarse mucho.
Os quiere,
Barbie!!
Pues eso, chochos. Me marcho a tierras lusas ya mismo, queridos y queridas míos y mías. Resulta que me ha dado el venazo y me he pillado un par de billetes (baratísimos, por cierto) para irme a Oporto y desde ahí a Coimbra a pasar toda esta semana que, por cierto, me va a venir de perlas para reflexionar, pensar y tratar de asimilar lo que me ocurrió el otro día. A alguien no le quedó más remedio que dirigirse a mí, Barbie, para aconsejarme sobre si era mejor o peor abrir el fotolog o no sé qué historia para no dormir… Me dio hasta un bajón de tensión, chochos, al no poder dar crédito a lo que estaba leyendo.
No chochos, no me voy a Portugal ni a comprar toallas ni gallos de esos horteras negros, con la cresta roja y con corazones dibujados. Sí, que todos tenemos un gallo de esos horrendos guardado en la vitrina del salón entre las copas de cristal de bohemia (esas que sólo se sacan en Nochevieja) y la vajilla de la Cartuja de Sevilla porque nos lo trajo algún familiar cercano de un viaje que hizo con el Inserso.

No tengo mucho tiempo para enrollarme tanto o más de lo que quisiera porque entre otras cosas aún tengo que escoger delicadamente los modelitos que voy a meter en la maleta y, ultra importante, depilarme también. Menos mal que con la crema esa depilatoria pestilente va la cosa rápida y en quince minutos tienes las piernas como el jaspe, porque no dispongo de mucho más tiempo.
Por cierto, antes de pirarme os tengo que confesar una cosa que llevo bastante tiempo guardando y que sólo digo cuando voy borracha: soy adicta a Decogarden. Es el programa este que ponen en Telecinco los fines de semana donde una presentadora mañosísima (que no mañísima) te coge cuatro retales estampados, dos tableros de formica viejos y un neumático recauchutado y lo mismo te monta un armario ropero, que un botellero, que una estantería barroca con un brío tremendo a la hora de zurcir o pegar cuatro rodillazos. Es hipnotizante (no sé porque me lo subraya el Word, lo pongo en cursiva por si acaso…). Me quedo embelesada viendo cómo intentan imitar los muebles de IKEA sin conseguirlo. Eso sí, nunca jamás se me ha pasado por la cabeza la idea de hacer cualquiera de las cosas que muestran porque no tengo ni tiempo, ni ganas, ni el mismo gusto que ellos. De hecho, os aconsejo que a menos que queráis que vuestro salón parezca una mezcla entre el salón de aída, el de Omaíta y un catálogo de los 90 de “Supermueble” no hagáis nada de lo que proponen. Ese ha sido mi consejo de hoy, chochos. Espero que os sea útil y que recordéis que Barbie nunca lo haría…
Un besazo, queridos chochos. Pasad muy buena semana y ánimo a los que aún están puteadísimos haciendo exámenes. Y me piro ya porque la Vett y la espátula de plástico me llaman.
Os quiero.
Barbie!!
Acerca de
Hola chochos. Si, soy yo, Barbie. Ahora escribo en blog PROPIO. Atrás quedaron los días de averías de Fotolog. Un beso.
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barbieyou - 2008 - Albacete (Spain)
