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Queridos chochofans:
Sé que habéis estado esperando durante demasiado tiempo. Quizá alguno de vosotros haya estado pasando las calurosas noches de verano entre ansiolíticos y tranquilizantes, pero por fin estoy de vuelta. Podéis relajaros porque Barbie está con vosotros. Más fuerte y dura que nunca.
Mis vacaciones en Portugal me habían sabido a poco. Cinco días para una estrella como yo, para una persona que tiene tal nivel de estrés en sus neuronas, eran un tiempo insuficiente para recargar sus glamourosas baterías. Así que hice una llamada a mi amiga Victoria (Beckham, para los no iniciados) y me planté en Londres durante diez días. En mi descanso estival en la tierra de Robin Hood, disfruté como loca chochos. No os podéis imaginar cuánto. Es posible que la Puchi no deba saber muchas de las cosas que allí sucedieron, pero yo os las voy a contar a vosotros, porque el pueblo merece saber qué le sucede a sus estrellas, y yo no voy a decepcionaros.
Os diré que mi llamada a Victoria Beckham fue de lo más decepcionante. Ella estaba demasiado ocupada organizando los saraos de la prensa americana y me tuve que desplazar a Londres en una compañía… ¡de bajo coste! Imaginad, chochos, Barbie viajando con la plebe, mezclada entre gente de ingresos inferiores a los 10.000 euros al mes. No sé como pude sobrevivir, pero lo hice. Llegué al aeropuerto de Gatwick (querría haberlo hecho en el de Heathrow pero no pudo ser, chochos) y tras ir todo el viaje mezclada entre el populacho, me encontré con la primera sorpresa: me iba a tener que alojar en una habitación con tres chochos más, compartiendo ducha y espacio vital. No sabéis la de infusiones relajantes que tuve que tomar para superar esa situación. Ni Anita Obregón tras cortar con Darek tuvo que recurrir a tan exageradas medidas.

Con esa llegada, el primer día decidí emborracharme. Qué mejor que empezar mi descanso vacacional en England con una buena borrachera. Unos cubatas y unas buenas pintas, bien grandes (como sabéis que a mi me gusta todo, enorme) llenaron mi primer día con los hijos de la Pérfida Albion.



Tras este fracasado primer día, el segundo no fue mucho mejor. La depresión por tener que estar en un recinto así, fue a más y me dí a otras bebidas. El vino en la playa de Brighton, junto al Pier (una zona recreativa de apuestas y perversiones varias) fue mi salvación. Allí encontré el verdadero sentido de la vida.

Una vez que las gotas de alcohol habían pasado a mi sistema nervioso, nada me importaba. Estaba poseída de un ritmo extraño, casi hipnotizante, como el de Diego en el Aserejé, un ritmo ragatanga que se había adueñado de mi ser y de mis entrañas. Prueba de ello es esta foto que tomó uno de mis.. ligue…digo..amigos allí en Brihton & Hove.

Los días fueron pasando mejor, y encontré fuerzas, entre sarao y sarao, fiesta y fiesta y mete y sac… digo entre alegría y alegría…para acercarme a ver los maravillosos monumentos de Londres.

Si me imagináis al lado del “Ojo de Londres”… me volví loca, chochos. No imaginaba que un “ojo de algo” pudiera dar tantas vueltas, pudiera tener tanta fuerza y pudiera resultar tan increíbles. Y os puedo asegurar que lo fue, chochos. Mi silicona contraída es una muestra de lo atrevido que fue subir a ese “Ojo” que nos enseña todo lo que Londres nos muestra.

Y como no, el Big Ben. Tan alto, tan fuerte, tan seguro… como los monumentos italianos que, aunque en territorio inglés, pude descubrir y apreciar. Qué grande todo, qué magnífico. No dejéis de visitar el Big Ben, que merece la pena. Lo grande, siempre, vale la pena.

Por último, os puedo decir que, por hacer un favor, me acerqué a la gran ciudad de Portsmouth.Demasiados fans en aquella urbe me habían pedido que fuera con ellos a subirme hasta lo más alto de la Spinnaker Tower. Y yo, que no sé decir que no a nada (si, chochos, a nada..) me subí hasta arriba, para verlo todo bien. Uno de mis consejos es que si queréis valorar algo de manera justa, lo veais desde lo más arriba posible. Y cuanto más alto se vea, mejor.
Y no os cuento más porque moriríais de envidia. Mi estancia en Londres fue maravillosa, pero ahora vuelvo a la dura realidad de la vida en mi mansión. No es lo mismo que la Inglaterra, pero al menos no paso frío. Porque, ya sabéis admirados chochos, que el calor nunca falta en la chimenea de Barbie. Ni en Agosto.
Un cálido y chorreante beso para todos.
Os quiere.
Barbie!!
barbieyou@gmail.com

Queridos chochofans y chochofanas, ya estoy de vuelta de mis ultra merecidísimas pero cortísimas vacaciones por tierras lusas. Me han sentado de maravilla, chochos. Además, queridos, me he traído muchísimas cosas: recuerdos buenísimos de muchos momentos, un moreno estupendo a lo camionero de tanto andar, algunos gramos de menos y un souvenir que vi en la estantería de un supermercado al que no me pude resistir y que no os voy a decir qué es porque quizá pensaríais que soy tonta perdía. Y básicamente ese ha sido el motivo por el que no os he escrito nada en estas semanas.

Es cierto que ya llevo varios días aquí en mi humilde hogar, reposando, deshaciendo maletones y escurriendo y tendiendo bragas. ¿Creéis acaso, chochos, que esto es como el Diario de Patricia, con carnaza fresca lunes a viernes? Pues no, chochos, no.
Hoy os voy a hablar de mi estancia en Oporto. Porque sí, porque he pensado que hoy os hablo de eso y, otro día (si me apetece), de mi estancia en Coimbra, ya que con el comienzo del verano estoy algo falta de eventos sociales y tengo que disimular alargando los pocos que tengo de momento. Tampoco os creáis que os lo voy a contar de Pé a Mó, chochos, porque no. Más que nada porque ya se me han olvidado la mitad de las cosas.
Resulta que allí la fiesta de San Juan no se celebra como en las ciudades normales haciendo hogueras en la playa y saltándolas después, chochos. No. Allí van más allá y se dedican a darse martillazos unos a otros en la cabeza (con martillos de plástico, chochos) y despeinándose los cardados los unos a los otros. Allí es tradición comprarse un martillo de plástico y repartir martillazos al primero que te encuentras o, en su defecto, comprarte un ajo y restregárselo por la cara a quien te salga del esfínter anal. Que sí, chochos, que no estoy desvariando. Eso es así. Anonadada me quedé al ver semejante tradición. La gente maravillosa, aunque no faltaron algunos individuos, como en todos los sitios, bastante asilvestrados que me trataron fatal y a empujones. A mí, queridos, ¡a mí! Aún sigo en tratamiento psicológico, no os digo más.

Supongo que la mayoría de vosotros también estaréis de vacaciones, torrándoos al sol, lubricándoos con aceites pringosos del Carrefour de zanahoria y de coco, haciendo topless, comprándoos tobilleras de conchas y cascabeles en los puestos playeros y haciendo aquaeróbic en la piscina del hotel para intentar frotaros con algún chulazo… Como si os estuviera viendo. Y para los que aún estéis pringando, tranquilos; a joderse un poquito más… ¡perdón! a esperar un poquito más que ya os llegarán las vacaciones.
Y ahora os voy a dejar, chochos, porque me estoy poniendo mala. Pero mala malísima, y no os exagero, pues entre el nubarrón de mosquitos que tengo merodeando la pantalla del portátil, el calor que me da el sofá de piel sobre el que me hallo y el hastío que me está provocando la televisión, voy a vomitar mi propio aparato digestivo. Entero. No se me ha ocurrido otra cosa, chochos, que poner el programa ese de niños repelentes de primaria que todo lo saben, todo lo contestan y todo lo debaten (con Ramón García para más inri), de Antena 3, y como tengo el mando destrozado y soy más vaga que las mantas, me lo estoy tragando entero.
Hale, os dejo, que además tengo los muslos ardiendo de aguantar el portátil. Cuidarse mucho.
Os quiere,
Barbie!!
Pues eso, chochos. Me marcho a tierras lusas ya mismo, queridos y queridas míos y mías. Resulta que me ha dado el venazo y me he pillado un par de billetes (baratísimos, por cierto) para irme a Oporto y desde ahí a Coimbra a pasar toda esta semana que, por cierto, me va a venir de perlas para reflexionar, pensar y tratar de asimilar lo que me ocurrió el otro día. A alguien no le quedó más remedio que dirigirse a mí, Barbie, para aconsejarme sobre si era mejor o peor abrir el fotolog o no sé qué historia para no dormir… Me dio hasta un bajón de tensión, chochos, al no poder dar crédito a lo que estaba leyendo.
No chochos, no me voy a Portugal ni a comprar toallas ni gallos de esos horteras negros, con la cresta roja y con corazones dibujados. Sí, que todos tenemos un gallo de esos horrendos guardado en la vitrina del salón entre las copas de cristal de bohemia (esas que sólo se sacan en Nochevieja) y la vajilla de la Cartuja de Sevilla porque nos lo trajo algún familiar cercano de un viaje que hizo con el Inserso.

No tengo mucho tiempo para enrollarme tanto o más de lo que quisiera porque entre otras cosas aún tengo que escoger delicadamente los modelitos que voy a meter en la maleta y, ultra importante, depilarme también. Menos mal que con la crema esa depilatoria pestilente va la cosa rápida y en quince minutos tienes las piernas como el jaspe, porque no dispongo de mucho más tiempo.
Por cierto, antes de pirarme os tengo que confesar una cosa que llevo bastante tiempo guardando y que sólo digo cuando voy borracha: soy adicta a Decogarden. Es el programa este que ponen en Telecinco los fines de semana donde una presentadora mañosísima (que no mañísima) te coge cuatro retales estampados, dos tableros de formica viejos y un neumático recauchutado y lo mismo te monta un armario ropero, que un botellero, que una estantería barroca con un brío tremendo a la hora de zurcir o pegar cuatro rodillazos. Es hipnotizante (no sé porque me lo subraya el Word, lo pongo en cursiva por si acaso…). Me quedo embelesada viendo cómo intentan imitar los muebles de IKEA sin conseguirlo. Eso sí, nunca jamás se me ha pasado por la cabeza la idea de hacer cualquiera de las cosas que muestran porque no tengo ni tiempo, ni ganas, ni el mismo gusto que ellos. De hecho, os aconsejo que a menos que queráis que vuestro salón parezca una mezcla entre el salón de aída, el de Omaíta y un catálogo de los 90 de “Supermueble” no hagáis nada de lo que proponen. Ese ha sido mi consejo de hoy, chochos. Espero que os sea útil y que recordéis que Barbie nunca lo haría…
Un besazo, queridos chochos. Pasad muy buena semana y ánimo a los que aún están puteadísimos haciendo exámenes. Y me piro ya porque la Vett y la espátula de plástico me llaman.
Os quiero.
Barbie!!
Ya parece, chochos, que estoy muchísimo más tranquila, calmada y relajada. No me ha hecho falta consumir ninguna sustancia psicotrópica ni ninguna drogaina en general para alcanzar tal estado. Una larga sesión de shopping por el centro de la que he vuelto cargada como una burra, un corte de pelo de lo más cool y un nuevo capítulo de El Internado más cerca del desenlace, (¡¡qué sinvivir, chochos!!) son la mejor terapia que existe para calmar los nervios y sentirse mejor con una misma. ¿Qué? ¿Que soy una consumista desenfrenada? Pues claro que lo soy, chochos, como la que más. Disfruto poseyendo más y más.
¿Qué esperáis, chochos? Estáis leyendo el Blog de Barbie, consumista por naturaleza, no el de Naomi Klein, que es la autora del libro “No Logo”. Es un libro que me recomendó una persona que critica (al libro me refiero) la sociedad de consumo en general, las marcas, las multinacionales y todas esas cosas de las que se queja la gente en las manifestaciones, con pancartas y todo. Si os interesa el tema, lo buscáis en el Google que para eso está y, si os sigue interesando, arreáis a la sección de libros de la Fnac y os lo compráis por un módico precio.
Yo hoy pensaba daros un par de truquis de cara al verano, para que triunféis como lo hago yo, pero me estoy acordando de que ya lo hice hace unas semanas y, como este es un Blog prestigioso y de renombre (os confirmo yo que sí) cuya autora se encuentra en el centro del éxito (el limelight, como dicen los ingleses, chochos), no me pienso repetir. De hecho, haced una chochobúsqueda si en su día no los leísteis.
De todos modos, no penséis que os vais a ir de rositas, sin recibir uno de mis más sabios a la par que prácticos consejos al menos. No, chochos. Así que, ahora que llegan los calores y los sudores, dadle uso a los Roll-ons, a los Body Milks y a las colonias frescas, que no tienen por qué ser la Channel nº 5 ni similares, no. Con que os reguéis una miajita con la Nenuco es suficiente, chochos, porque no hay cosa más desagradable y molesta que estar esperando en una cola (el por qué de la cola da lo mismo que lo mismo da) y estar tragando en cada inhalación el Eau de Sobaca Mugrienta, (edición especial Arretestinado) de Paco Rabanne. No deis lugar a eso, chochos, o por lo menos procurad no cruzarse conmigo si no queréis comprobar cómo mastico y cómo mis jugos gástricos hacen su trabajo después.

Y ahora, chochos, se me acaba de ocurrir una idea. Puesto que sigo sin móvil (uno que pertenezca a este siglo, digo), voy a coger alguna prenda para que no parezca que voy a tallar cristal (porque mirad cómo voy), después voy a coger el coche y me voy a dar un voltio a ver si veo alguno que sea digno de que yo, la mismísima, lo luzca. Decidido. Y a ver si con suerte tengo algún punto de esos acumulados y no me sacan el riñón izquierdo y el ojo derecho a la hora de pagar.
Que paséis una muy feliz tarde.
Os quiere,
Barbie!!
Queridos chochos, fans y seguidores ocultos que solo os metéis para cotillear, sí, sigo viva. Tanto o más que siempre, aunque el viernes me quedase muerta por lo que os voy a contar en los sucesivos párrafos.
Para empezar, no he actualizado durante esta semana y parte de la anterior por diversos motivos que básicamente no os voy a contar, por lo menos hoy. Bastantes cosas tengo yo ya en la cabeza como para hacerme más chochopuzles. En parte os ha venido de perlas para no distraeros ni robaros tiempo durante estas duras semanas de exámenes, agobios, estreses, suplicios y rezos varios a las vírgenes más fashion. Pero no os asustéis, queridos chochos, fans y seguidores de todos los rincones del mundo, que yo estoy de maravilla. Desde luego que las semanas en general han ido bien, con alguna alegría que otra (y bien merecida) a mis espaldas. Además, que yo con poco me animo y solo me basta un buen palmeo y un buen acompañante para hacer un dúo y que se me vayan los disgustos. Me conformo con esto (sin duda uno de los mejores recuerdos que guardo del fin de semana):
En fin, queridos chochos, a lo que voy. Hallábame yo durante la velada del viernes cenando en un restaurante con motivo de la fiesta de celebración del cumpleaños de un chocho (del cual no voy a decir la edad que lleva ya a sus espaldas porque eso no queda bonico) al que le mando un abrazo desde aquí, poniéndome piripísima a base de cañas, que hay que ver lo bien que me entran y me salen (las cañas, claro). Es acercarme la espuma blanca a la boca y succionarlas como una loca, chochos (obviamente sigo hablando de las cañas).
Una vez hecho acopio de los suculentos platos que conformaron el menú de la susodicha cena (toma ya) y tras un ligero debate, consensuamos entre los chochos presentes la idea de continuar poniéndole glamour a la noche; ¡tirando la casa por la ventana! Derrochando clase y elegancia, llegamos a la conclusión de comprar tres litronas de cerveza y una botella de Brugal y bebérnoslas en un escalón ante la puerta del Señor, es decir, en la puerta de una Iglesia cuyo nombre no recuerdo y desde luego podré seguir durmiendo mis diez horas diarias sin saberlo igualmente. ¿Cómo se os ha quedado el cuerpo, chochos, al imaginaros a Barbie bebiendo cervezaca en la puerta de una Iglesia? Yo aún no me lo puedo de creer. En fin, una anécdota más.
Posteriormente, el resto de chochos y yo, Barbie, estando ya piripis elevado al cuadrado, nos vimos en la necesidad de abandonar el confortable emplazamiento ante la presencia de ciertos individuos de cierta etnia que no voy a mencionar porque yo súper tolerante y no soy ni racista ni xenófoba. Y por ese mismo motivo, por no ser racista ni xenófoba, es por el que no me cago ni le guardo rencor a toda la raza en general a la que pertenecen los 5 o 6 indeseables que me robaron mi preciosa chaqueta básica negra de punto (que combinaba yo a las mil maravillas) y mi bolso, chochos; MI BOLSO y todo lo que llevaba en su interior: cartera con DNI, Carnet de conducir, el muestrario de VISA’s, las tarjetas comerciales de las más exclusivas boutiques y restaurants, la tarjeta de puntos del Body Bell y la del Toys ‘r Us; mi móvil, las llaves de la BarbieYou Mansión, mi abanico lila que tantos sofocos me ha aliviado y mi bote de vaselina (también utilísimo). Ahí fue cuando me quedé muerta, chochos. Lo que paso después paso de explicároslo porque fue bastante desagradable y ordinario y, como sabéis, yo estoy reñida con la ordinariez. Sólo os digo que parte de la velada la pasé en la Comisaría de la Policia Nacional. Eso sí, más chula que un zompo.

El ridículo que hice en el interior del coche de la policía mientras me llevaban a la Comisaría como si estuviese detenida paso de contároslo hoy, chochos. Bastante tengo yo ya con darle de baja a todas las tarjetas, duplicarlas y hacer mil papeleos esta semana. Papeleos que me tienen que solucionar sí o sí, porque el lunes 23 me marcho al extranjero.
¡Hace falta valor, chochos, (no sólo para ir a la escuela de calor), si no para osar a hurtarme a mí, Barbie! ¿Acaso no saben que el otro día en Espejo Público, hablando del monotema Obregon-Los Miami’s, explicaron detalladísimamente la forma de contratar a un sicario? Sí, sí, yo tampoco me lo podía creer cuando lo vi, pero es cierto que dieron hasta el correo electrónico de un sicario, chochos.
Y os aseguro que del disgusto he perdido kilo y medio. O al menos eso es lo que dice mi enemiga la báscula, y desde luego os aseguro que los yogures que anuncia José Coronado no han tenido nada que ver.
Y ahora, chochos, es cuando os digo que no os pongáis piripis, ni colguéis el bolso en la primera percha que veáis aunque sea del IKEA, ni os despistéis dos horas de tertulia con una amiga a la que hace tiempo que no veíais… Para eso están las cafeterías, para contarse las vidas. Ese es mi consejo de hoy.
Por cierto, un saludo también especial a ese regimiento de fans sevillanos que se supone que tengo y que me idolatran pero que solo me firma uno/a de ellos. No me seáis rezagados y animarse a idolatrarme públicamente.
Os quiere,
Barbie!!
barbieyou@gmail.com
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Hola chochos. Si, soy yo, Barbie. Ahora escribo en blog PROPIO. Atrs quedaron los das de averas de Fotolog. Un beso.
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